
En Santa María Tlahuitoltepec, en el corazón de la Sierra Mixe de Oaxaca, vive una mujer de 66 años que convirtió el barro en la única herramienta que tuvo para no desaparecer. Se llama Rufina Martínez Díaz, y su hija, la cineasta ayuujk Concepción Vásquez, decidió contar su historia. El resultado se llama Mujer de Barro, un documental de apenas 17 minutos que hoy compite por uno de los reconocimientos más importantes del cine mexicano: el Premio Ariel 2026, en la categoría de Mejor Cortometraje Documental.
Esto es lo que necesitas saber de esta película, de dónde salió, y por qué en Qué Onda Oaxaca creemos que merece toda la atención posible antes de la premiación.
¿De qué trata Mujer de Barro?
Mujer de Barro sigue a Rufina, alfarera ayuujk, mientras moldea la tierra que ha sostenido a sus nueve hijos y que se convirtió, con los años, en una forma de resistencia frente al machismo, la violencia y la desigualdad de su comunidad. La película integra también la historia de Prisciliana, madre de Rufina y abuela de Concepción, mostrando cómo las dificultades económicas y la violencia sistemática han atravesado a tres generaciones de mujeres.

Está narrada desde la mirada íntima de su propia hija y funciona como un registro a la vez etnográfico y profundamente personal sobre la transmisión de saberes ancestrales, el papel económico y social de las mujeres en el hogar, y la fuerza cultural que carga cada pieza de barro que sale de sus manos.
La historia real detrás de la cámara
La vida de Rufina ha estado marcada por la pérdida, el desplazamiento y la resiliencia. Aprendió alfarería desde niña, pero a los 15 años tuvo que migrar a la Ciudad de México junto a su madre y sus tres hermanas huyendo de la marginación y la violencia familiar. Tiempo después regresó a Tlahuitoltepec debido a la enfermedad y posterior fallecimiento de su padre. Tras casarse y tener nueve hijos, enfrentó un segundo duelo cuando su esposo falleció a causa del alcoholismo —la misma enfermedad que arrebató a su padre.

Sola, al frente de su hogar y con el reto de sacar adelante a sus nueve hijos, Rufina decidió retomar lo que siempre la apasionó: el trabajo con el barro.
No fue fácil. Tuvo que lidiar con regateos, discriminación e ideas fuertemente arraigadas en la comunidad de que el barro era una labor exclusiva de los hombres. A esto se sumó, años más tarde, el estigma sobre el contenido de plomo en las vasijas tradicionales vidriadas; un mito que afectó indiscriminadamente a miles de artesanos oaxaqueños —incluso a quienes utilizaban barro natural o quemas tradicionales sin esmaltes dañinos—, provocando una drástica caída en sus ventas y desvalorizando aún más el oficio.
A pesar de todo, Rufina persistió. Demostró que el barro tradicional no solo era seguro y valioso, sino una obra de arte viva. Hoy cuenta con su propio taller y lidera el colectivo familiar Mujeres de Barro Ayuujk. Gracias a su visión y empeño, muchas personas de su comunidad han comenzado a revalorizar y retomar este oficio ancestral.
El nacimiento del proyecto
La idea de la película surgió cuando Concepción tenía 18 años. Al observar el trabajo en el taller de su madre, notó dos cosas: no existía un registro fotográfico del esfuerzo familiar y la comunidad de Tlahuitoltepec solía ser retratada casi siempre por miradas ajenas o extranjeras.

Mientras practicaba fotografía documental, las charlas cotidianas con su madre sobre la vida, el dolor y la persistencia en el barro tomaron forma. Así, al revisar sus primeras grabaciones, Concepción buscó orientación para convertir ese material en cine. En 2020 se integró a los talleres de escritura y guion de IMCINE, iniciando formalmente el camino de Mujer de Barro.
Sanación entre mujeres y la decisión del cine
Aceptar ser filmada provocó en Rufina una reacción de profunda confianza hacia su hija. El proceso de rodar juntas abrió un espacio de sanación entre las tres generaciones —Prisciliana, Rufina y Concepción—, permitiéndoles hablar de culpas, soltar heridas del pasado y estrechar sus lazos familiares.
Esa experiencia también resolvió algo que Concepción cargaba desde hace años: seguir el oficio familiar de la alfarería o dedicarse al cine. Pero detrás de esa decisión hay una reflexión más de fondo, algo que ella misma ha notado en Tlahuitoltepec: la idea, muchas veces interiorizada en las propias comunidades, de que documentar y contar historias es un trabajo que le corresponde a quien viene de fuera, y que resulta extraño —casi sospechoso— cuando alguien de adentro decide hacerlo. Con la nominación al Ariel, Concepción tiene clara su postura:
"Es necesario que lo hagamos nosotros mismos desde adentro... existe mucha historia en mi comunidad, pero nadie la cuenta, justamente porque se cree que no merecemos hacerlo o quizá porque solo es para gente blanca."
Para otras jóvenes de pueblos originarios que sueñan con hacer cine, Concepción aconseja empezar retratando la vida diaria con lo que se tenga a la mano, ya sea un celular o una grabadora:
"Creer que nuestras historias cuentan y son importantes."
Hablada en ayuujk
Una de las decisiones más contundentes del documental es que está completamente hablado en ayuujk, con subtítulos al español. Para la directora, esto trasciende lo técnico:
"Lo más lindo es mostrar nuestra lengua."
La lengua es también una forma de pensar, sentir y concebir el mundo. Contar esta historia en su propio idioma transmite una emotividad y una profundidad que el español no puede replicar.
Cuatro años, veinticinco personas y ningún estudio de cine
Concepción es ingeniera en Desarrollo Comunitario. Su formación cinematográfica arrancó de forma autodidacta y a través de talleres a partir de 2020. El proyecto tomó impulso decisivo en 2022 al obtener el estímulo ECAMC (Estímulo a la Creación Audiovisual para Pueblos Indígenas y Afrodescendientes).

Tras finalizar la posproducción en 2024 y estrenarse en 2025, el proyecto completó casi cuatro años de esfuerzo autogestivo. Sin grandes casas productoras detrás, la película se hizo realidad gracias a la colaboración y apoyo de 25 personas de su propia comunidad.
Actualmente, Concepción se encuentra desarrollando su siguiente proyecto documental: una historia personal sobre la vida de su padre, donde a través de testimonios, diálogos y objetos personales busca explorar la memoria y la ausencia.
De la Sierra Mixe a Europa, Cuba y camino al Ariel
Mujer de Barro tuvo su estreno internacional en el Festival de Málaga (2025) dentro de la sección "Afirmando los derechos de las Mujeres". Desde entonces ha recorrido certámenes como One Country One Film en Francia, el International Ethnographic Film Festival "Ilinden Days" en Macedonia, y el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). En Cuba, durante el Festival Santiago Álvarez in Memoriam, fue galardonada con los premios a Mejor Cortometraje y Mejor Ópera Prima.

Hoy compite en los Premios Ariel 2026 en la categoría de Mejor Cortometraje Documental. Concepción, de 25 años, reflexiona sobre el peso de esta nominación:
"Se nos habían negado estos espacios, estar acá es una gran oportunidad."
Un logro que dedica enteramente a su madre, Rufina.
Por qué esto importa
En Qué Onda Oaxaca creemos firmemente en la urgencia de narrar nuestro territorio desde las voces de nuestras propias comunidades. Mujer de Barro es el retrato de una hija filmando a su madre en su lengua materna sobre una labor ancestral que hoy compite en lo más alto del cine nacional. Historias así merecen ser vistas, escuchadas y celebradas.
Lo digo también desde mi propia trinchera: contar Oaxaca desde adentro, como intentamos hacerlo en este imperfecto espacio, a veces incomoda. Y no solo a quienes vienen de fuera —muchas veces también a quienes son de aquí, acostumbrados a que quien observa, documenta y narra sea siempre alguien ajeno. Más de una vez me he encontrado cuestionado, tanto por extranjeros como por locales, por lo que escribo sobre mi propia tierra, y eso me ha dejado pensando que quizás estamos acostumbrados a que nos vean y nos cuenten con un lente externo, y que cuando el lente es propio, se le trata como algo raro, casi fuera de lugar.

Por eso una historia como Mujer de Barro importa tanto: es Concepción filmando a su madre, en su propia lengua, sobre un oficio que ha existido por generaciones, contada desde adentro, sin pedirle permiso a nadie más que a ella misma. Y es, sobre todo, una invitación a que más gente de nuestras comunidades se anime a contar lo que solo puede contarse desde dentro.
El documental dura solo 17 minutos. Si tienes la oportunidad de verlo, no la dejes pasar.
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