Fui porque alguien me dijo que era algo especial
Soy de los que no necesita mucho para convencerse. Basta que alguien de confianza diga "tienes que ir, está buenísimo" y ya estoy en camino. Así llegué a Casa Barroso un jueves a las cuatro de la tarde, con hambre y con ganas de comer algo que no se encuentre en cualquier lado.
Lo que encontré fue algo que no se olvida fácil.

El jueves es sagrado en Guerrero
Antes de hablar del pozole, hay que hablar del jueves. Porque en Guerrero, el Jueves Pozolero no es una simple costumbre gastronómica: es una institución cultural con raíces que se pierden en el siglo XIX.
Una de las teorías más aceptadas ubica el origen en Iguala, Guerrero. Hay quien dice que nació de la solidaridad comunitaria: familias que reunían el maíz sobrante para alimentar a quienes habían tenido mala cosecha, organizando una comilona que arrancaba el miércoles por la noche y se extendía hasta el jueves. Otros lo conectan con los festejos que siguieron al Abrazo de Acatempan de 1821, cuando Iturbide y Vicente Guerrero sellaron el pacto independentista y celebraron con pozole servido en cazuelas de barro.
Lo que es un hecho es que hoy, en Chilpancingo y en toda la capital guerrerense, el jueves es el día del pozole. Los restaurantes, las cocinas económicas, las casas — todos sacan sus ollas. En 2024, México lo reconoció oficialmente: el cuarto jueves de cada mes es el Día del Pozole Guerrerense.
Y ese ritual viajó a Oaxaca. Con una familia. Con su olla. Con su receta.
De Chilpancingo a Pueblo Nuevo
La historia de Casa Barroso empieza donde terminan muchas historias de buena comida: en la cocina de las tías.
Esta receta llegó desde Chilpancingo. Las tías la cocinaban. La memoria de ese sabor viajó con los papás, cruzó el estado y llegó a Oaxaca. Y aquí, en Álvaro Obregón 133, en el barrio de Pueblo Nuevo, la familia Barroso la trae a la mesa todos los jueves.
No cambiaron nada. Porque hay recetas que no se tocan — se honran.

Cocinan en fogón y en horno de tierra. Esa temperatura que una estufa de gas no puede replicar. Ese humo que se te queda en la ropa y en la memoria. El maíz criollo nixtamalizado se cocina a fuego lento. La carne de cerdo y pollo también. Y la salsa verde — tomatillo, pepita de calabaza, epazote, chile serrano — se muele con paciencia. El tiempo que solo una cocina de familia sabe dar.
El pozole verde que vine a comer

Cuando llegué, ya había gente. No mucha, pero la suficiente para sentir que esto no es un secreto guardado — es un lugar que ya tiene su clientela. Familias, parejas, alguien que llegó solo con su teléfono y se quedó dos horas.
Pedí el pozole verde mixto. Me lo recomendaron así desde el principio.

El caldo llega con ese color que solo da la pepita de calabaza bien tostada trabajada con el tomatillo — un verde oscuro, denso, con aroma a epazote y una profundidad que te dice que esto se cocinó con tiempo. Adentro: maíz cacahuazintle bien abierto, carne de cerdo y pollo. Encima: tostadas, rábanos, cebolla, aguacate, chicharrón y huevo cocido.
Agregué limón. Agregué chile. Me quedé callado unos segundos después del primer sorbo.
Mi recomendación personal: pídelo verde, con su chilito y su limoncito. No necesita nada más.Hay sabores que te llevan a otro estado. Literalmente.
Para acompañar: lo que no te debes saltar
No me fui con solo el pozole. Y bien que hice.

Los tacos dorados son exactamente lo que necesitas entre cucharadas: crujientes, bien fritos, con todo el porte de una cocina de costa.

Las tostadas de pata son de esas cosas que no aparecen en los menús turísticos, pero que cuando las pruebas entiendes por qué las cocinas de barrio las siguen haciendo. Gelatinosas, sabrosas, con personalidad propia sobre tostada crujiente.
Pero el descubrimiento que no me esperaba fue el chile relleno de atún.

Suena simple. No lo es. El atún aquí no es el de lata del súper — es una preparación costera sin equivalente fácil en la cocina oaxaqueña. El chile poblano relleno, asado, con esa mezcla adentro... es algo que solo una cocina guerrerense hace con esa soltura. Punto para el chile relleno de atún: no se lo salten. Punto final.
Para cerrar: hay chelitas, agua del día y mezcal de Sinuhé, el maestro. Si quieres hacerlo bien, ya sabes qué ordenar.
El pozole blanco también existe

El pozole blanco mixto es la versión más clásica — caldo transparente con toda la fuerza de la carne, sin la salsa verde. Elegante en su sencillez. Si van en grupo, pidan uno de cada uno y comparten. No se van a arrepentir.
Por qué Casa Barroso importa
Oaxaca tiene una gastronomía que conquista el mundo. Pero dentro de Oaxaca también llegan otras cocinas — y cuando llegan bien, con raíces, con familia, con fuego de leña, merecen ser reconocidas.
Casa Barroso no sirve comida. Sirve sabor. Sirve historia. Sirve la tradición del Jueves Pozolero guerrerense, trasladada con todo su peso y su amor a un barrio de esta ciudad.
Solo abren los jueves. De 3 pm a 8 pm. Ya tienen su clientela que va religiosamente semana a semana. Cuando vayas, vas a entender por qué.
Y si te gusta la comida diferente, única, de las que no se encuentran en cualquier lado — espérense más reseñas así. Hay mucho que descubrir en Oaxaca.
Cómo llegar a Casa Barroso — Fogón de Costa
Álvaro Obregón 133, Pueblo Nuevo, OaxacaSolo los jueves — 3:00 pm a 8:00 pm
Reservas: 221 991 4083 | 951 547 3521
Fotos: Casa Barroso | Reseña: mish Dary para Qué Onda Oaxaca




